Sois para siempre

By on mayo 29, 2016

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En Egipto antiguo, la montaña primordial fue el inicio de lo que se conoce como la creación cuyo símbolo se haya edificado como las pirámides, las que podríamos calificar como las primeras grandes construcciones de la “arquitectura sagrada”.

Esta versión de la generación universal fue tomada por los gnósticos primitivos y los platónicos, entre otros, proque no dejó de tocar a la manifestación de lo sagrado que se expone en el cristianismo, para enunciar al Demiurgo universal como entidad divina que continúa con el fenómeno del desdoblamiento en escalas de existencia sucesivas “hacia abajo”. 

Para los egipcios precristianos existía antes de la conformación de las esferas celestes un ser increado absoluto del cual se desprendió este Demiurgo, que en sucesivas creaciones fue dando lugar a otros seres de los que también surgieron otros más de naturaleza inferior y cada vez más limitados que sus superiores. En los imaginarios religiosos y en la descripción que hallamos en diversas tradiciones esotéricas, espiritualistas y religiosas es lo que se ha dado a llamar como jerarquías divinas.

Los seres humanos somos en esas escalas un peldaño importante, según nos informan los Maestros Martinistas y Martinezistas, entre otros, de tal forma que la identidad de la humanidad hay que buscarla en el corazón mismo de esa divinidad y dicen ellos que eso se hace con formas masónicas y en otras Órdenes de corte espiritual.

La buena noticia dada por Grandes Maestros, como Robert Ambelain, es que cada persona es un portal hacia lo divino, cada ser humano es invitado y puede ir hacia la luz espiritual desde toda forma de Masonería; cada H:. mas:. puede iniciar su andar hacia su interioridad para buscar la magia que hizo posible la primera existencia, y más importante aún, la naturaleza ignota del ser que es el más grande misterio desconocido para los mortales. Como lo manifiestan los Martinistas, no es posible conocerlo sino a través de la transformación alquímica que convierta al practicante místico en ese mismo ser con el despojamiento de las formas mentales inferiores o finitas.

O sea, GADU sólo puede conocerse a sí mismo.

Así las cosas, se puede poseer estas posibilidades de iluminación y de aumento progresivo de encuentro con el ser que se halla en el más profundo y misterioso lugar de la intimidad.

Nadie nace y nadie muere, dicen en la India sus Maestros, y para nosotros en nuestras escuelas occidentales, es claro que nunca jamás el polvo cósmico podrá convertirse en “algo eterno” porque la permanencia absoluta en este Universo material finito y creado es siempre temporal y mutante, pero hay en nosotros una partícula divina indestructible, increada e imperecedera, que anima y proyecta a los seres humanos hacia su perfección; esta particula es la dueña y soberana de toda existencia y consciencia, es quien realmente concita al trabajo interior, la meditación y del estudio arduo en la apertura de una nueva y real vida.