La vulgarización de la Masonería

By on agosto 5, 2016

Es más común de lo que se cree que siempre se valore socialmente la capacidad creciente que un masón adquiere con el paso del tiempo, incluso corto, para que se proyecte hacia afuera, hacia el mundo social para ver sus condiciones y tratar de influir en él. Como dice la Masonería Egipcia, la proyección esencial que se dá en procesos de la mente exterior o inferior es un fenómeno propio del ser humano surgido de la percepción de la realidad desde sus diferentes medios de relación con el entorno.

Cuando el masón ha sido una persona bien seleccionada, normalmente tendrá un pensamiento crítico social derivado de su sensibilidad (no de ideologías) que lo llevará a evaluar como lamentables las circunstancias en que su sociedad vive (en caso de vivir en el denominado tercer mundo).

Pero, esas condiciones siempre han existido y difícilmente se han logrado cambios de un momento a otro: la humanidad evoluciona poco a poco y en algunos extraños escenarios, rápidamente, pero todo ello hay que estudiarlo y a eso se dedican los científicos sociales.

Sin embargo, la Masonería, aquella que guarda el hondo sentido de lo místico, no se dedica de ninguna forma a estudiar o analizar los fenómenos sociales como elemento de su esencia más íntima. Tal vez mire los fenómenos sociales como algo tangencial y tema de análisis muy exterior. Pero al contrario, la Masonería espiritualista se orienta hacia el mundo interior de su organización y al fortalecimiento de la misma en razón al Trabajo o a los Trabajos que desarrolla para que sus asociados puedan tener el espacio necesitado para su Obra.

Robert Ambelain dijo en diversas ocasiones que la Masonería moderna nació enferma en razón a su estructura jerárquica y a que se dedicó, y se dedica aún, al incremento del número pero no de la calidad en las personas que ingresan a ella, al tiempo que se ligó al manejo del poder temporal.

Decía Ambelain que las formas democráticas que hacia adentro impuso la Masonería moderna fue una vulgarización de aquella en la que sus estructuras de sus jerarquías eran otra cosa… a lo que hoy se administra en torno a los honores y un supuesto poder que es más bien fatuo.

Desgraciadamente es así.

La cantidad, el vulgo, el bulto, jamás ha producido nada coherente. Siempre se ha tenido que dar un proceso de refinación social para que aquellos más capaces, más preparados, mejor ajustados en su estructura psicológica y social pudiesen producir liderazgos y hacerse seguir en sus movimientos. Y aun numerosos líderes han terminado tributando su propia vida por esas mismas muchedumbres que quisieron “salvar”. Esto como comentario al margen porque definitivamente la Masonería no es el escenario de las muchedumbres inocentes, para no decir ignorantes.

La Masonería jamás puede ser de bulto, de número, porque eso la degrada de inmediato. El que llega a ser adepto es un individuo muy pulido o en curso de serlo, y con comprensión de lo sutil desde ópticas insólitas para los “muchos”. El verdadero adepto tiene un Templo silencioso en el interior de su corazón con una llama eterna encendida en él y en todo lo hace trata de mantener ese instante de luz, de paz y de reflexión permanentemente.

Y bien se ha dicho que un masón inexperto puede tender a confundir la misión de la Obra con objetivos de transformación social y política de su medio: no hay nada más falso que eso. La Masonería no puede tener como objetivo la transformación social en sí porque jamás fue creada para eso y quien pretenda utilizarla con ese fin evidentemente no ha sido formado para comprender el real sentido de la existencia de la Orden.

Cuando se dieron las primeras constituciones de la Masonería inglesa se obviaron las demás constituciones masónicas anteriores. Con ello, murió la verdadera esencia de la Masonería ancestral. Apenas sobrevivió paralelamente la Masonería del Rito Antiguo y Primitivo de Menfis – Mizraim y otras órdenes como el Martinismo que quisieron rectificar el naciente ateísmo de las diferentes Órdenes Masónicas que surgieron derivadas de la Logia inglesa.

En medio de la incredulidad la Masonería Egipcia se yergue aun defendiendo el origen  juedo – cristiano de cualquier Masonería, muy a pesar de la expulsión de ese elemento de las Órdenes que otrora fueron sus cultoras, entre ellas la Orden Templaria, la Benedictina y la Orden de los monjes Tyronenses, entre otras.

Sobrevivieron también los masones educados en los rosacrucismos quienes alentaron a la construcción de Masonerías que rescatan lo ancestral Inciático en la búsqueda del encuentro con lo verdaderamente sublime. De hecho, diversos rosacrucismos le han aportado mucho a numerosos masones quienes han completado o hecho su educación espiritual en esas escuelas.

La razón es que la construcción de la Masonería inglesa obedeció más a intereses de corte social y político, o sea burgueses y pequeño burgueses, que cualquier otra cosa. Buscaron la protección de la nobleza y los grandes lores del Imperio Británico podía ser natural para esta Masonería, pero incrustarla en las relaciones de poder político y social en las altas esferas de  las naciones a las que llegó y en los Estados de esos países en las que  marcó su perfil y dio inserción de la semilla de su propia destrucción.

O sea, la sacaron del Templo místico para llevarla al “templo social” en el cual cualquier individuo tiene acceso y manejo. No se necesitan condiciones especiales realmente.

Ese fenómeno se ha repetido innumerables veces: muchos masones han pretendido que la verdadera esencia de la Masonería es la fundación de sociedades, países y formas de estado en un republicanismo a ultranza con el fondo de la construcción de la sociedad burguesa y de los grandes intereses económicos. Los más, se han entregado al mesianismo social y al manejo del poder temporal. Y en él han perecido muchos en escándalos de corrupción, cuando no por persecuciones políticas.

La Logia tampoco es un medio para cometer actos en contra del patrimonio social colectivo, algunos de ellos contemplados en los códigos penales de todas las naciones democráticas, y no es el espacio para corromper al Estado y menos la organización para dirigir la operación de toma del poder. Muchos masones lloran porque hace décadas no hay presidentes masones en Colombia, por ejemplo, y nosotros decimos que es lo mejor que puede pasar. Hay mucha gente capaz que puede guiar al Estado que no son masones. Los masones se destacaron en un tiempo porque no había nadie más en posesión de un título universitario o con acceso a los libros en tiempos de la vida colonial. Hoy todo es diferente.

Ese jamás fue el sentido real de la Masonería y de los cofrades medievales, ni de las formas iniciáticas que se heredaron de tiempos antiguos. La forma de vida de estos personajes insólitos se basó no sólo en el secreto del oficio de la construcción… y sí mucho más en el secreto de lo que ellos fueron capaces de comprender en la vida mística.

El secreto se implementó como medida de supervivencia ante la Inquisición, la implacable perseguidora de cualquier buen cátaro, gnóstico cristiano, judío cabalista o musulmán esotérico. Y se sabe que los cofrades de la construcción conocían mucho más que sólo lo que la Iglesia Católica enunciaba en sus dogmas.

Podemos observar cómo la Orden Templaria terminó destruida y perseguida por los ambiciosos y cómo numerosas comunidades verdaderamente masónicas han sido cazadas por adversarios formidables, y en su momento ineludibles, como los franquistas, los nazis, soviéticos o los fascistas. Algunas de ellas estuvieron comprometidas con el poder temporal de los poderes derrocados y por ello se vieron arrastradas en el remolino de las revoluciones antidemocráticas. Y otros muchos lucharon en las revoluciones democráticas.

Es muy diferente que un masón sensible se arroje a la lucha social ejerciendo su libertad de pensamiento y de acción, a que la Orden Masónica deba hacerlo. Definamos eso: el masón no puede pretender arrastrar a la organización masónica hacia los problemas sociales. La Masonería educa al masón y él tiene la responsabilidad individual de sus actos públicos, políticos, sociales, profesionales, etc.

La Masonería espiritualista no trata con el poder temporal porque ella es la trascendencia misma y el camino hacia tierras altas. Su condición es otra distinta y su Trabajo se dirige a otros objetivos, reiteramos.

Le han asmputado muchas cosas a la Masonería en muchas organizaciones y es lamentable. Le quitaron su origen místico cristiano (no nos referimos al confesionalismo) y luego le han venido quitando la posibilidad de responder ante la verdadera búsqueda del ser humano ante el cosmos que se le presenta, para reducirla a un listado de normas y derechos que alejan al Masón de la contemplación del universo externo y del suyo propio. Se le ha quitado la posibilidad de soñar con la inmortalidad de su alma y con la trascendencia de su espíritu.

En fin, se ha vulgarizado a la Masonería porque le han escrito muchos rituales y formas que se alejaron definitivamente de aquello sacro que contenía. Personajes que para nada tenían en su mente el encuentro de la esencia y del secreto de la existencia humanas la han descuartizado y desmembrado para convertirla en un vehículo de la ambición, la codicia y la hipocrecía, que era justamente lo que se supone debe combatir.

Incluso, el ateísmo se ha enseñoreado en muchos Talleres ante el argumento del libre pensamientoy una errada concepción del laicismo.

Sin embargo, la Masonería mística, aquella que aun reconoce sus raíces y la existencia de un principio suprahumano, sigue existiendo a pesar de los intentos del negro mundo materialista por despojarla de su esencia.

Aquí está y aquí seguirá.


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