Gran Logia Regular de Colombia de Menfis – Mizraim

Potencia masónica soberana espiritualista

La humanización de la Masonería

By on mayo 29, 2016

Podría sonar paradójico que alguien mencione siquiera que la Masonería debe hacerse más humana si justamente sus principios universales contienen los derechos del ciudadano y de los derechos humanos.

Sin embargo, muchos estarán de acuerdo con nosotros cuando afirmamos que hay uno que otro Taller cuyos resortes de “Trabajo” poco o nada tienen que ver con los supuestos básicos de una Logia Masónica.

En una reciente reunión acordamos con algunos Hermanos que la base primordial de la Masonería es a lo menos la lucha constante por la democracia y la libertad emanada de ella con la construcción de un Estado capaz de satisfacer, o de apoyar cuando menos, el cubrimiento de las necesidades básicas de sus ciudadanos en temas como educación, salud, vivienda, empleo digno y otras cosas.

Desde estas premisas básicas cada escuela o institución masónica parte hacia lo suyo.

Ahora vamos a lo siguiente: en América Latina y en muchas otras regiones del mundo el Estado no cumple con esos mínimos que mencionamos. Al contrario, estamos lejos de llegar a tener estas garantías sociales para todos. En relación a lo anterior nos encontramos con Hermanos Masones que al ingresar a la Orden Masónica pueden hacerse cargo de sus compromisos económicos con su Logia sin ningún problema, pero que un día caen en la desgracia de la pobreza y son arrojados a vivir a difíciles circunstancias como aquella en la que no pueden más volver a su Taller por esta razón.

También, hemos visto Hermanos que contraen serios problemas de salud, o envejecen, y son olvidados de forma absoluta. Ocurre que su vida masónica acaba abruptamente sin desearlo; son arrojados a la indiferencia y al abandono masónicos y nadie vuelve a tener memoria de ellos. A pesar que muchos de estos Hermanos contribuyeron al engrandecimiento y sostenimiento de la institucionalidad Masónica durante muchos años con su esfuerzo, con su dinero, con su sacrificio… son abandonados a su suerte.

Y podríamos enumerar muchas otras situaciones complejas que se presentan en los Talleres que cuestionan de forma directa nuestra forma de ejercer la fraternidad.

En las Logias en que esto ocurre, vemos que unos y otros están interesados en muchas otras cosas que en ser solidarios de forma genuina. Por ejemplo, vemos cada día al Hermano que está interesado en la Veneratura y que en virtud de ello todo lo que no le sirva en sus aspiraciones, es apartado de sus intereses.

En otras Logias priman los negocios y los intereses sociales, o sea, que puede llegar a ser un escenario – herramienta de movilidad social y económica individual que va de un estado de cosas material a otro. En ello hemos visto que los personajes que así utilizan a la Orden para nada se hacen conscientes de los principios de tipo espiritual o el conocimiento trascendente que hace parte de los Trabajos Masónicos.

Por supuesto, suponemos que la mayor parte de los Talleres son muy solidarios y lo decimos sin conocerlos a todos por imposible que ello es. Hablamos por las Logias que hemos visto y que han llegado al punto en que la membrecía se basa en apariencias sociales, en la posición profana y en la capacidad de modificar la vida de un individuo interesado en todo menos que en su progreso espiritual.

Cuando la Logia se vuelve club social ya no es Masonería ni es Logia en sí misma. Cuando se despoja de sus altos intereses de desarrollo humano, ya no sabemos qué es, pero no es Masonería. Tal vez sea un grupo de personajes reunidos desarrollando una farsa.

A los Masones que trabajamos en superar las taras de este mundo no debe preocuparnos esta situación, en especial, porque hay muy poco que podamos hacer en términos generales. Lo único que verdaderamente podemos pensar es en aplicar el humanismo de forma directa en nuestras agrupaciones Masónicas: visitar constantemente a los Hermanos enfermos hospitalizados, visitar a nuestros ancianos y llevarles una Ten:. a su lugar de residencia, solidarizarnos con el Hermano desempleado y con su familia, ejercer actos de generosidad con el Hermano que por fuerza mayor no puede pagar su capitación mensual o anual, no olvidar jamás a la viuda y a nuestros Sobrinos, etc. Y cuando esto sea seguido de forma puntual, porque primero empezamos por casa, luego será natural pensar en la sociedad profana en la cual todas las tragedias ocurren, en especial en nuestros países tercermundistas.

Hay mucho qué hacer Hermanos por la Humanidad todavía. Para nosotros Bolívar, Santander, San Martín, Garibaldi y otros próceres fueron muy importantes para nuestros países, pero hoy día el ejemplo de ellos solamente sirve si decidimos hacer algo por los Hermanos y por la sociedad profana en este momento. No se puede vivir de las glorias pasadas aunque ellas muestren caminos… El espíritu Masónico y patriótico y el saber histórico es apenas una de las herramientas del Hermano porque se parte de los supuestos de que todo Masón es republicano y demócrata sin importar de qué organización Masónica viene.

En oposición, la Masonería no es una escalera para lograr de forma egoísta honores sociales profanos ni masónicos o de cualquier otro tipo. Quien busca honores tampoco ha comprendido que es justamente la destrucción de la vanidad, de la antifraternidad y de la falta de humildad lo que busca la verdadera Masonería. Los Grados y otros lugares que destacan al Hermano funcionan en la dirección de reconocerle a un Masón una carrera en la búsqueda de la verdad y en la construcción de su humildad.

Tampoco es la Masonería una bolsa de empleo porque quien llega a la Orden debe tener un mínimo de equilibrio en todos sus aspectos. ¿Por qué? Porque no podemos rehabilitar personas con problemáticas de diverso tipo puesto que para eso es necesario promover otro tipo de instituciones sociales, incluso desde el Estado, como hemos manifestado.

Por último, es muy entretenido ver personajes que de una o de otra forma han llegado a la obtención de altos grados en sus instituciones masónicas y sus egos insuflados por esta razón se desbordan en sus miradas y en su forma de hacer las cosas. Estos no han entendido que la Masonería es una matriz social Iniciática que enseña y otorga determinados conocimientos y prácticas a lo que el Masón debe dedicarse en su fuero interior. El Trabajo alquímico más arduo es justamente el propio y la derrota de la soberbia es el primer objetivo deseable.

A la Logia se acude con humildad y sencillez, se acude a aprender y a meditar. Se aprender a callar y a moderar respetuosamente el verbo. Cuando la arrogancia asiste a la Logia es un signo de que hay muchas cosas por hacer. Cuando la humildad aparece genuinamente podremos ayudar a otros, pero primero lo primero y eso es que debemos aprender a bajar la cabeza ante el dolor del mundo, ante las enormes tragedias que nuestra Humanidad a diario tiene que soportar y ante las duras circunstancias que un Hermano pueda vivir.

De lo que nos lamentamos profundamente es de aquellos personajes que tienen comportamientos utilitaristas con respecto a la Masonería. Lo que podemos afirmar es que con ese tipo de actitud muy difícilmente la Orden abrirá sus secretos para que sean conocidos por quien no lo merece porque ello es una vivencia, un estado de ser y no una premisa meramente intelectual.

Decimos desde esta esquina del mundo que la verdadera Masonería pretende en sus presupuestos más elementales que nos convirtamos en seres sensibles socialmente y todo ello parte de la construcción interna de una visión y de un sentir profundamente humanos. Todo lo que no esté relacionado con esto, es más club social que cualquier otra cosa.