De aquellos enemigos que nos “golpean institucionalmente”

By on octubre 1, 2016

Hay quienes dicen que el peor enemigo de la Masonería son los mismos masones por diversas razones. Tal vez sea así.

Y aunque ya lo hemos dicho en otro momento, vamos a reiterar que existen varias razones para que las instituciones masónicas no progresen y se vayan a pique en medio del caos y el desconcierto. Tocaremos sólo pocas cosas porque esto puede ser mucho más complejo de lo que se puede creer.

La primera de ellas, y posiblemente la más importante de todas, es la falta de instrucción de los masones porque es evidente que mucha gente llega al grado 3° sin haber escrito más de un par de trabajos, sin haber leído más de dos o tres pequeños manuales (si es que se ha hecho) y sin lograr la comprensión mínima de los grados masónicos y de la trascendencia de ellos.

Si bien es cierto que en el grado 3° se dice que la primera y gran lucha que debemos librar es en contra de la ignorancia, es claro que mucha gente que ostenta la calidad de Maestro Masón es profunda y perfectamente desconocedora de muchos temas neurálgicos de la Orden Masónica y de las enseñanzas de los grados que ostenta. Entre ellos, varios grandes temas como lo son el origen de la Masonería, su filosofía, su conexión con la espiritualidad, la relación con otras Órdenes Iniciáticas, etc.

Por supuesto, cuando un masón es ignorante de sí mismo y de su Institución, introduce en ella desde su ignorancia muchos elementos que en general, no tienen nada que ver con la Orden. Realmente basura profana. Un ejemplo patético es que en alguna parte le dicen a muchos personajes que la Masonería se hizo para la toma del poder, aunque nunca le dicen para qué usar el poder porque siempre en la sombra hay alguien que desea utilizarlo en bien propio…

En últimas, la Masonería se convierte en una especie de club social en el cual la filantropía cada vez más desaparece y la sola mención de la vida espiritual puede hacer palidecer a los Hermanos.

El conocimiento retrocede y la oscuridad se hace más cerrada para que en esa penumbra se manifiesten los peores demonios. En algunas instituciones masónicas son cada vez menos los Hermanos esforzados que trabajan por lograr su perfeccionamiento moral y espiritual en un proceso de alquimia real.

El problema de que cada vez sean menos esos personajes, da como resultado que los Trabajos de transformación íntima se contaminen, se frenen, porque tales procesos también son colectivos y el colectivo contaminado arruina a la individualidad. Quiere decir que cuando hay gente que se rige por bajos instintos y por todo tipo de motivaciones profanas, la colectividad entra a portar un egrégor contaminado, lesivo y que lleva la semilla de la autodestrucción porque no hay pulimiento moral en curso sino precisamente todo lo contrario. Ese grupo y las individualidades van hacia el desastre. Es sólo cuestión de tiempo.

Hemos visto la destrucción de muchas Logias por las mismas causas una y otra vez. Grupos sin cohesión sólida porque no tienen trabajos alquímicos reales, porque olvidaron que los Trabajos de la Masonería son A LA GLORIA DEL GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO en términos reales y concretos. La Masonería es un asunto en el que la divinidad es el centro y la primera protagonista y cuando esto se pierde, YA NO HAY LOGIA.

La verdadera solidez de la Logia surge y pasa siempre por el fuego del corazón encendido permanentemente en cuyo solaz se encuentra el pentagrama brillando con gran fulgor consumiendo las entrañas del masón. Es allí en donde se afincan los eslabones de la fraternidad y allí estamos sujetos los masones que sentimos a la Orden como la puerta a la vida espiritual y moral verdaderas la cual se sustenta las 24 horas del día y no cada vez que hay Tenida.

Por ello, JAMÁS podremos echar la culpa de nuestros errores institucionales a la Gran Logia cercana o del siguiente vecindario, a esos “irregulares” (hay gran pugna por saber cómo es aquello de la regularidad) que se llevan poco a poco a nuestros Maestros Masones.

Sencillo: si la Institución Masónica Madre de un masón la falla, este individuo está libre del cumplimiento de los juramentos y compromisos que hizo porque su corazón deja de estar allí en razón a que le han vendido aquello que no es.

Si un masón ve cómo hay círculos de su Gran Logia dedicados a traficar con el poder y con las influencias de forma no muy legal, o si ven cómo algunos personajes se dedican a perseguir a las queridas cuñadas o a las relaciones públicas ajenas para propósitos sórdidos y personalistas, pues es obvio que ese Hermano saldrá corriendo de allí por su propia salud mental, por la salud de su vida laboral y hasta familiar.

Cuando un masón ve que no recibe instrucción porque no hay quién se la dé, puede llegar a concluir que la ignorancia reina y que difícilmente podrá encontrar el camino de vuelta hacia el GADU porque ignora incluso que hay un camino de vuelta. Es allí donde reina la frase de cajón del ignorante: “no es de tu grado”.

Si en una Institución masónica no hay respeto por las cosas sagradas, por la espiritualidad y el progreso moral, es evidente que tarde o temprano saldrá a flote la ausencia de formación y de valores de sus masones…

Por ello, no hay que salir a culpar al vecino de lo ocurre de puertas para adentro porque si una institución masónica cumple con sus deberes para con sus afiliados de forma rigurosa y como se impone a una entidad social guiada por la filosofía de la filantropía y del progreso espiritual, no habrá procesos de deserción de ninguna clase. El que se va lo haría por motivos personales muy válidos y no como consecuencia de la desatención y el desdén institucional.

Es simple de comprender que las estructuras internas deben adaptarse más al progreso de los Hermanos que a cualquier otro interés porque cuando hay revuelto de lo profano con lo masónico, lo primero es lo que prima por su peso específico que arrastra todo lo sutil y allí, se habrá vulgarizado la Institución. Entre más temas profanos se ventilen (y con fines torvos), se habrá sepultado la coherencia del Maestro Masón, aquel que debe hablar de moral y de vías espirituales desde la vivencia y desde el manual o la intelectualidad.

Por último, la estrategia política más efectiva de las dictaduras y de los pusilánimes es buscar a un enemigo exterior que nos amenaza, y si no existe, crearlo para desviar la atención del pueblo con el fin de que éste no vea que estamos destruyendo nuestro propio país. Las Grandes Logias son pequeños países, pequeñas patrias gobernadas bien o mal, o de forma “muy regular”.

Es muy fácil crear la sensación de justicia social y de entereza en el pueblo expulsando Hermanos, iniciando procesos penales masónicos y sobre todo, señalando a los Hermanos de otros Orientes como responsables de problemas internos de nuestra institucionalidad. En realidad, encontrar legitimidad por este medio puede parecer sencillo, pero no es así porque en el camino, al señalar a otros Orientes de ser culpables de nuestros males, abrimos la puerta para que nuestros adeptos dirijan su mirada hacia allá y puedan observar que en esos “Orientes” la cosa no es como nos la pintan. Es un efecto contrario a lo que se busca y es visible que hoy en día hay movilidad de masones de un lado para otro y eso no se puede evitar.

También, vemos que los chivos expiatorios que no son destruidos totalmente también pueden hablar y en ocasiones, más que sus acusadores…

Lo importante es que en medio de todo este desbarajuste se llegue a la consciencia de que si en una entidad de corte cultural se acaba la cultura, entonces la entidad pierde todo sentido de existir.

Esto es obvio, ¿o no?


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